La discusión entre PVC y Aluminio no tiene un ganador absoluto: la decisión correcta depende del clima, el diseño arquitectónico y las prioridades del proyecto. Ambos materiales, bien especificados, entregan resultados de alto desempeño.
El PVC destaca en aislación térmica. Su estructura multicámara —generalmente entre 5 y 6 cámaras internas— actúa como aislante natural, lo que lo convierte en la opción preferida para climas fríos o proyectos donde la eficiencia energética es la prioridad número uno. Además, no requiere pintura ni mantención de superficie: no se oxida ni se degrada con la radiación UV en el mismo grado que otros materiales.
El Aluminio, en cambio, ofrece mayor resistencia estructural con perfiles más esbeltos, lo que permite vanos más grandes y líneas de diseño más delgadas — ideal para proyectos arquitectónicos que buscan maximizar la vista y la entrada de luz natural. Con rotura de puente térmico (RPT), su desempeño térmico se acerca considerablemente al del PVC, aunque generalmente no lo iguala en climas extremos.
En cuanto a mantención, el aluminio anodizado o con pintura electrostática de calidad también es muy durable, pero puede requerir limpieza y cuidado de terminación en ambientes costeros por la salinidad. El PVC, por su parte, es prácticamente libre de mantención.
Nuestra recomendación técnica: si tu prioridad es aislación térmica máxima y no hay restricciones de diseño extremas, PVC. Si buscas grandes paños vidriados, líneas minimalistas y una estética más arquitectónica, Aluminio con rotura de puente térmico. En proyectos mixtos, es común combinar ambos sistemas según la función de cada espacio.